Fue en el lejano 1950 cuando un corredor de los años 30 llamado Failero Masi, funda Cicli Masi, dedicada a construir bicicletas a la medida para los corredores de aquella época, como Jacques Anquetil y Fausto Coppi. Era tal la habilidad para personalizar bicicletas para cada corredor que se ganó el sobrenombre de “The Tailor”, el Sastre. Así sumó prestigio esta empresa que en 1972 toma la decisión de expandir su marca y en Estados Unidos surge Masi Bikes.

Por Óscar Martínez Corona / Fotos: Ramón Arizmendi Casas

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La geometría vanguardista de la Gran Corsa, que caracteriza a la mayoría de los modelos de la marca, permite al usuario sentirse parte de ella. Se adapta perfecto en posición de ataque haciendo similitud entre la curvatura del torso al tomar esta posición con la curvatura que nos presenta su tubo vertical en la unión con el telescopio y desciende unos pocos grados adelgazando el grosor del tubo, siendo plano y no oval a la unión con el tubo vertical.

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Esta característica hace que también la bicicleta se desempeñe bien en los ascensos, manteniendo una posición relajada que ayuda en gran medida a la parte baja de la espalda. Su manillar tiene una cualidad que ayuda perfecto al agarre en ascenso, pues nos presenta una ligera curva hacia atrás en su parte superior, que permite dar una mayor amplitud a los brazos y no ir tan pegados a la caja torácica, dando una expansión sin limitaciones al respirar.

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La Masi Gran Corsa se desempeña de manera agradable en terrenos accidentados gracias a la geometría curva de sus vainas y a su tijera cónica de carbono, que filtra perfectamente los impactos. El sistema de mandos con el que cuenta es Shimano 105 que aporta cambios precisos y un sistema de frenado más ligero al accionarlos.

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Realmente manejar la Masi Gran Corsa nos produjo una sensación de ligereza y adaptación inmejorable a la bicicleta en todos los sentidos y en todos los terrenos. Conociendo la historia de esta marca nos damos cuenta que el mote de “El Sastre” permanece como la principal virtud de la marca y es grato recordar que en ese taller de fama mundial bajo la curva del velódromo Vigorelli de Milán, Failero Masi y su soldador Dicimo Merlo habían creado algunas de las más grandes bicicletas de carreras del siglo XX.
Más info en:
FB Distrito Fijo Club de Ciclismo

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