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Hace no mucho me encontré una noticia que iba así por internet: “las mujeres que sean sorprendidas pedaleando en una bicicleta en público serán severamente perseguidas” enseguida captó mi atención y me dejó boquiabierta –no puede ser verdad – pensé.

Por Natalia Gutiérrez @JemapelleNatali

Esto sucede en Irán, donde sabemos la represión de la que la mujer es objeto y se le prohíbe andar en bicicleta para el “correcto funcionamiento de la religión”. Y es que la bicicleta representa para la mujer mucho más que una herramienta de traslado: es un símbolo de liberación e independencia.

En el siglo XIX no se imaginaron que al crear la bicicleta, iba a ser utilizada como una herramienta que propiciará una revolución femenina. Ese mismo siglo vio el nacimiento y la muerte de la mujer victoriana, siempre frágil, respetuosa de sus obligaciones ante la sociedad, de nula actividad física y tenía encima kilos de ropa que apretaban su cuerpo hasta casi desmayarlas. Para su sociedad, el que fueran frágiles e indefensas era un signo de decencia, por lo tanto, lograban fatigar fácilmente a la mujer al menor esfuerzo físico con esos pesados y gigantes vestidos, lo que limitaba su movilidad. No faltaba mucho para que la mujer se rebelara en contra de estas imposiciones, se organizara política y socialmente y pudiera llegar más allá –literal y figurativamente- con el invento del siglo como su aliado: la bicicleta.

La aparición de la bicicleta las ayudó a liberarse no sólo de esa carga de vestuario innecesario, ya que debían usar algo más cómodo que le permitiera incorporarse a los nuevos ritmos de vida, sino además de esos prejuicios morales que la ponían como un ser indefenso que no podía hacer lo mismo que un hombre. ¡Imagínense a una mujer en público haciendo lo mismo que un hombre! En aquella época era una imagen de terror y desprecio social. Tanto así que las mujeres que se animaban a rodar a la vista de todos, eran agredidas verbalmente (a veces físicamente) por tanto mujeres como hombres por romper el orden de las cosas. Bien lo dijo Susan B. Anthony, feminista y activista de los derechos civiles de la mujer: “la bicicleta ha hecho más para emancipar a la mujer que cualquier otra cosa”.

Por esto quise escribir sobre la relación histórica que existe entre las mujeres y la bicicleta. Tenemos años de historia que nos comprueban que no es un transporte exclusivo del género masculino. Es un símbolo de igualdad que nos brinda un forma de movernos más sustentable, eficiente, saludable, rápida y mucho más divertida que otros medios con motor, y que a pesar de todos estos beneficios, las mujeres son minoría en su uso diario. Hay muchas formas tangibles de incentivar su uso pero también está en nuestras manos el despojarnos del miedo y los prejuicios que tenemos sobre la forma de movernos, especialmente cuando se trata del caballo de acero de dos ruedas. En mi parecer, una de las cosas que hace falta para que en México más mujeres se suban a la bici, es que tomen una decisión y se suban. Quién iba a pensar que de nueva cuenta, en el 2012 la libertad femenina en cuestión de movilidad, iba a estar tan cerca de los pedales de una bicicleta.

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