Lo más sencillo siempre es lo más bonito o del equilibrio de la bici al equilibrio de la vida
Aquí está, señoras y señores, niñas y niños, en la carpa más grande, en la pista más bonita. Ha recorrido Sudamérica, Europa, gran parte de México, y hoy aquí en la jungla de asfalto, en la carpa ambulante, con un número que causará asombro… José Malabartínez.
 
Por Óscar Martínez Corona y Ramón Arizmendi Casas
 
Camina y se sitúa en medio de la pista, se presenta y brinda su acto al público, toma la bici, que no es nada ligera, la alza y pone el asiento un poco arriba de su frente, la equilibra; toma las clavas y empieza a malabarear, vuelan ligeras las clavas en cÍrculo mientras la bici permanece en perfecto equilibrio, tan solo unos segundos y este fantástico acto termina. El aplauso aquí es el asombro, las sonrisas, la alegría, y la recompensa es la satisfacción de transmitir lo que el artista desea al realizar su número.
 

PRIMER ACTO
José Luis Martínez Rodríguez, artista circense de 32 años, 16 de ellos malabareando, originario de la colonia Aragón, cuenta que desde niño el circo fue una experiencia emocionante. Siempre le atrajo ese mundo y el reto de manipular objetos, la gravedad, altura, esa habilidad y destreza. Se inicia en la calle con amigos y años después se ve en la necesidad de profesionalizarse adquiriendo una formación durante dos años, en una escuela de circo en Montreal. Se plantea el tener nuevos retos y es cuando decide equilibrar una bicicleta en la cabeza, malabarear con objetos en equilibrio.
 
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Malabartínez ha pisado diversas pistas y teatros en el Mundo, ha malabareado por países de Europa y sudamérica; en Canadá vivió dos años y en 2004 trabajó una temporada en el circo Atayde. Y nos cuenta en base a su trayectoria “la sociedad en México no está adaptada ni lista para este tipo de trabajos, en cierta forma se margina el arte callejero, no hay una valoración de esta cultura. Entrar en la calle y asumir la presencia cotidiana, es una cuestión que el gobierno no apoya, y si lo apoya esta cooptada por mafias de carácter oficial como Conaculta”.
 

SEGUNDO ACTO
La bicicleta que equilibra es la misma que pedalea de Tlalpan a Coyoacán, para llegar al lugar donde presenta su espectáculo, es su medio de transporte y también parte de su espectáculo. Comparte este gusto por la bici con algunos amigos que se reúnen en ocasiones para rodar un poco más allá de los límites de la ciudad. También suele pasear con sus tres hijos que aun son pequeños, “cuando llevo a mis hijos en bici, me siento más responsable, tomo el triple de precauciones”, siente que como ciclista la ciudad es una jungla de asfalto, pero poco a poco se va generando un cambio y un respeto al ciclista.
 
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TERCER ACTO
“Para mí esto es un trabajo formal, que tiene horarios con los cuales estás comprometido, así como con la gente para ir renovando tu espectáculo”. Es una forma distinta de vida la que el lleva, es ocupar espacios callejeros para compartir con la gente un espectáculo de calidad. “Me doy cuenta del impacto que tiene sobre la gente el equilibrar una bicicleta, deja de estar en el teléfono para observarme”. Y provoca emociones diversas como él dice “desde que me avientan el coche, hasta gente que se baja y me da un abrazo y cien pesos”.
Considera como su mejor audiencia a los niños, “son los más sorprendidos, se dejan cautivar por cosas cotidianas y simples. Ellos hacen recordar, que lo más sencillo siempre va a ser lo más bonito y básicamente esa es la esencia; que te guste lo que haces, que le genere una motivación, emoción, gusto, amor por lo que estás haciendo y con base a eso le das forma a tus rutinas, que a la postre impactarán al público. Es crear esa magia ese algo sorprendente cuando haces cosas”. En ese sentido, recuerda mucho que los payasos y la emoción del público fueron su inspiración, eso fue lo que lo llevó a asumir este camino de circo, espectáculo y comedia, además vio que en éste había mucha gracia.
 
GRAN FINAL
José Malabartínez, artista, malabarista, padre, esposo, ciclista. Sueña en tener una carpa de circo y mantener esa esencia del circo tradicional que se está perdiendo en México y rescatar esas raíces nómadas de itinerancia, de llevar el espectáculo a lugares recónditos, donde la gente está más receptiva
Aún recuerda que sus padres le cuestionaban su decisión de dedicarse a esta profesión y cuando pudo compartir ese gusto con ellos y ver que les agradó, esa fue su carta de aceptación.

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