Un asunto que parece tener mucha importancia entre las chicas que quieren usar la bicicleta como medio de transporte de manera regular es si se ven los calzones cuando visten una falda.

Por Laura Bustos Endoqui – Te enseño a andar en bici @teensenobici

En lo particular no soy una defensora de las faldas ni tengo nada contra los cómodos pantalones; lo que sí, es que creo que cada quien puede elegir su vestimenta de manera libre, sin detenerse por prejuicios sociales. Podría decirles con base en la experiencia propia cuáles son las características de las faldas que tienen la maravillosa bondad de no dejar al descubierto la prenda; pero no es el propósito por ahora, por el contrario, pretendo restarle importancia.
Desde la infancia nos han dicho que debemos cuidar que los calzones no queden al descubierto en ningún momento, que una niña se sienta con las rodillas juntas, que si llevas una falta muy corta debes vestir shorts debajo, que no levantes mucho las rodillas, que si lo haces serás una machorra… Todo esto se transgrede cuando te montas a pedalear.
Sé de sobra que no depende solamente de la decisión de qué vestir por las mañanas sino de lo que se espera a lo largo del día y la interacción con el resto de las personas, también es verdad que cuando lo haces no falta algún tal en el camino que trate de asomarse inclinando la cabeza para ver si logra descubrir algo más.
Desde mi trinchera, pienso que es un pedazo de tela sobrevaluado; que la función principal de la prenda es como la del resto: proteger el cuerpo. Y es una función que sin duda cumple; por qué habría de importar que en determinado movimiento quedara un color al descubierto. Si se trata de proteger la intimidad asumo los calzones como algo ajeno a mi cuerpo y por lo tanto me importan lo mismo que una chamarra.
He visto incluso algunas chicas que cuando pedalean con falda juntan las rodillas más de lo normal y esto obedece al pudor por no mostrar la prenda. Yo me pregunto si de verdad vale la pena lastimar las articulaciones por proteger una prenda. No trato de juzgar las prioridades de nadie pero sí de evidenciar un tema pocas veces tratado.
Tal vez todo se lea como el clásico “sin vergüenza”; y es justo de lo que se trata, de no tener vergüenza de algo que te hace sentir libre.

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