Desde su nacimiento, los vehículos eléctricos han evolucionado para hacerse cada vez más prácticos y autónomos; sin embargo la percepción general no ha permitido que dominen las calles debido al arraigado uso de combustibles fósiles. Pero eso está apunto de cambiar, la gasolina tiene los días contados.

Por Ramón Arizmendi Casas y Óscar Martínez Corona
Fotos: Gastón R. Silveira

Si bien las bicicletas eléctricas cada vez son más frecuentes en nuestras calles y se consolidan como una opción de transporte intermedia entre la bici y una moto, no son de reciente invención. En 1890 se otorgaron varias patentes para motores de bicicletas eléctricas, y al paso de la historia han tenido destellos de su uso como en la Segunda Guerra Mundial, pero debido a la aparición de la motocicleta con motor de combustión interna, se vio opacado su desarrollo y se han mantenido a la sombra de este vehículo, y beneficiándose de su tecnología. Desde su aparición han sufrido diversas modificaciones que en su momento causaron revuelo, como cuando para finales de los ochenta aparece el sistema Pedelec (pedal electric cycle) en donde el pedaleo es asistido por un sistema de motor eléctrico.
Desde los años noventa la bicicleta eléctrica se mantiene con sus altas y bajas en el mercado mundial, resurgiendo en 2005 con la llegada de las baterías de litio.

LA E-BIKE
La idea de la bicicleta eléctrica es tan sencilla como instalar un motor eléctrico a una tradicional con el fin de reducir el esfuerzo al pedalear. Sin embargo su sistema es complejo: consta de un motor, una batería, controlador de energía, cableado, y sensores de pedaleo. Al momento de iniciar el pedaleo los sensores activan el motor y este asiste la maniobra de pedaleo para minimizar el esfuerzo del usuario.

¿PARA QUÉ SIRVEN?
La mayoría de la gente que anda en bici se preguntará ¿para qué me puede servir una bicicleta eléctrica? La respuesta puede tener varias vertientes pero sin lugar a dudas la mejor es la dada por uno mismo después de rodarla. Una bicicleta eléctrica nos puede facilitar el pedaleo en distintas condiciones, hay que verla como un vehículo distinto que cubre necesidades distintas a una convencional. En términos de movilidad son bastante útiles, pues a pesar de tener un motor, no producen emisiones contaminantes directas, ocupa mucho menos espacio que un auto y es mucho más cómoda que el transporte público. Sus únicas desventajas radican en la relativamente corta autonomía y el peso; tanto el motor como cableado y batería, añaden kilos.

Las baterías son otro tema, pues hay de dos tipos: las de ácido y las de Litio-ion, estas últimas las más eficientes y menos pesadas. Ambas tienen una cantidad de ciclos limitada y deben sustituirse aproximadamente cada 3 ó 4 años, dependiendo de la frecuencia de uso. Para resolver este tema existen centros de reciclaje en los que reciben las baterías inservibles para evitar que lleguen a contaminar el medio ambiente. El costo de la batería en términos reales no se compara con el costo total de la gasolina pagado en el mismo periodo.

Las bicicletas eléctricas funcionan muy bien para los usuarios que en su recorrido encuentran pendientes pronunciadas, en las que la inclinación es superior a los 10º.

En circunstancias como esta, la pendiente puede desincentivar a los posibles usuarios de la bicicleta. Aunque su recorrido sea corto, consideran que el esfuerzo será mucho y los hará llegar sudando, y que tal vez cargar demasiados objetos mientras pedalean con esta inclinación los dejará exhaustos por el resto del día. Para ellos funciona bien una bici eléctrica.
También son una herramienta útil para las personas que por diferentes limitaciones físicas o de edad no pueden pedalear una bicicleta convencional.

EL MANTENIMIENTO
Un motor eléctrico cuenta con muchas menos piezas que uno de combustión interna, por lo que el mantenimiento es mínimo al motor, sin embargo el sistema eléctrico se debe revisar cada 6 meses mínimo. En la parte mecánica, el servicio es el de una bici convencional, con costos similares en refacciones.

DE DÓNDE VIENE LA ELECTRICIDAD
En México más del 70% de la electricidad proviene de fuentes no renovables, por lo que aunque los vehículos sean limpios, su fuente principal de energía no lo es. La disyuntiva está en la idea de si es igual de contaminante usar gasolina que electricidad. La respuesta es un tanto obvia, pues siempre será mejor no quemar combustibles dentro de las ciudades que hacerlo. Sin embargo, la generación de la electricidad sigue siendo “sucia”. En este aspecto hay poco que decir, pues no depende directamente de nosotros su origen. La tecnología avanza cada vez más rápido y esperamos que pronto podamos cambiar nuestra forma de generar electricidad, pues es claro el beneficio ambiental y económico de usar energía eléctrica en vez de combustibles fósiles para movernos.

¿LOS AUTOS ELÉCTRICOS SON LA SOLUCIÓN?
La industria del automóvil no se ha quedado atrás en este tema. Debido a presiones sociales y principalmente de imagen pública por la clara contaminación que los automotores generan, algunas armadoras comenzaron a desarrollar vehículos híbridos (gasolina/electricidad) que, si bien fueron muy mediáticos, sus precios estaban (y siguen) fuera del alcance popular y no tuvieron la penetración en el mercado necesaria para notar alguna reducción en la contaminación.

Hoy en día marcas como Tesla, GM, Nissan y algunas más, intentan romper el paradigma energético de los autos y su costo inicial, sin embargo es la mitad de los problema que la saturación de autos representa en las ciudades. Esa otra mitad es el espacio que ocupan tanto “en movimiento” como parados. Aunque los autos sean eléctricos, siguen ocupando un espacio mayor que el destinado a las personas en las ciudades densamente pobladas.

EN EL TRANSPORTE PÚBLICO


En México hemos usado el transporte público eléctrico desde hace mucho tiempo. El Metro, Trolebús y Tren Ligero han sido siempre pilares de la movilidad de la Ciudad de México. El problema de estos modos de transporte no es la eficiencia en su consumo, sino la gran demanda que tienen por parte de la población, el deterioro y el nulo crecimiento dadas las subvenciones en su precio público. Y aunque este aspecto no pinte tan bien, para 2018 se prepara una expansión y diversificación en el Sistema de Transporte Individual ECOBICI, que proyecta montar bicicletas de nueva generación asistidas eléctricamente, que permitirán a sus usuarios pedalear mayores distancias o terrenos inclinados.

Nos gusten o no, las bicis eléctricas están aquí. Queda en nosotros saber para qué usarlas. Nosotros preferimos el pedal, sin embargo también entendemos el potencial de este modo de transporte.

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